Cuando vi tu espalda y escuche tus pasos alejandote un poco más de mi, no pude evitar correr hacia ti sostenerte y decirte espera, simplemente volteaste consternada y gritaste un desesperado
-¿qué...?
-- No sé, solo espera
- No puedo esperar inerte siempre, no quiero detenerme, hasta que elijas que siempre si te marcharás.
Y diste otra vez la vuelta, soltando mi mano y andando de nuevo lejos de mi, y fue cuando supe que irremediable no podía perderte y te grite a todo pulmón "joder, que te quiero coño, y me quedo con vos"
Te detuviste en seco al escuchar mis palabras, y te moviste simplemente para correr a mis brazos, besarme y decirme que también te quedarías, que me querías...
Cuando el miedo te alcanzo a ti, no tarde ni un minuto en tomar el primer avión y traerte de regreso, al sitio donde deberías estar; sitio destinado para ti donde crearías un mundo mejor...
Esa es la historia que me encantaría contar y no la realidad donde te vi subir al tren y escuche como se partía mi alma al verte por última vez, sin saber que al paso del tiempo buscaría tú rostro, tú risa, un poco de ti en cada persona que busco para llenar esta soledad de ti, cosa que no consigo por la simple razón de que no sos vos; esta soledad donde un viernes a las 3 de la mañana en aquella estación del tren, muchos años después se me movieron los recuerdos,inundando la melancolía mostrándome que debí hacer para no encontrarme hoy en un frío piso del centro, solo, recordándote, escribiendo la historia que pudo ser, aquella que me falto valor para vivir...
Ahora lo único que me queda es terminar, esta última copa de vino, un último cigarrillo, mis últimas líneas de esta carta y esperar tener valor para terminar también con mi historia de cobardías...
No hay comentarios:
Publicar un comentario