sábado, 10 de agosto de 2013

Crónica de una ruptura necesaria...

         Este será el último post de Thinkingrosa para darle paso a nuevo aires, los años han pasado, los sueños han cambiado y obviamente yo he cambiado y tal vez madurado un poco muchas cosas; ya es momento de cerrar la puerta a todos esos ciclos innecesarios y dar vuelo a los nuevos inicios; y que mejor forma que aclarar todo lo relacionado aquél desamor que me llevó a esconderme tras estás letras para sacar mi frustración y mi dolor evitando así volverme un poco más loca de lo necesario...

         Quien leyera mis letras sabe perfectamente desaparecí un par de años pero una serie de eventos casuales, de esos que te recuerdan que simplemente pareciera que somos una pieza dentro del ajedrez de un gran Dios, nos pone a prueba y nos lleva a recorrer nuestros propios pasos, nuestras cicatrices que aún sangran y duelen para poder liberarnos de todo; pero dejemos este enorme preámbulo y vayamos 8 años atrás donde todo esto inicio como una broma del destino.

        En esos tiempos tenía solo 21 años (ahora que leo mis post era bastante tonta e inmadura) por jugar me encontré en una relación que se volvería al paso de los años mi jaula, de la que no podía escapar sin importar cuanto lo deseará o intentará; era como una droga para mi y las muchas rehabilitaciones eran más dolorosas, ya que cada vez me encontraba más rota y menos yo; me veía a mi misma como un ser inerte lleno de miedo e incapaz de sentir cualquier cosa; cada vez que me acercaba a alguien distinto no podía evitar romperlo y saber que solo era parte de una historia de idas y venidas, donde solo buscábamos ajustar un marcador, dañarnos más y al mismo tiempo mantener la apariencia de que todo iba bien.

       En general creo que así pasaron los últimos años, con matices nuevos pero siempre con la claridad de que todo terminaría mal; hasta que decidí por fin romper con los patrones y enfrentarlo hasta el grado que lo peor de su ser saliera a flote que no pudiera ocultarse más y al mismo tiempo con la esperanza de que por fin desapareciera de mi vida por una buena vez por todas.
   
       Lo logré saliendo raspada en muchos sentidos, la abstinencia está vez no fue tan dolorosa pero si reveladora, comprobé cosas que de antemano sabia y tuve que ir venciendo uno a uno todos mis fantasmas y miedos, tuve que enfrentarme a mi misma y lamer mis heridas para reconstruirme un poco, que al final fue por completo, me vi al espejo y por primera vez en muchos años me vi sonreír, volví a tomar las riendas de mi vida y no hubo atadura que me detuviera, y fue justo en ese momento donde apareció un nuevo ser lleno de esperanzas y sonrisas, que no entró educadamente poco a poco, tocando la puerta sino que derrumbo las barreras y se metió hasta el fondo de mi ser, una sonrisa suya basto para que supiera que tenia un corazón capas de latir, que estaba viva y no porque viera mi sangre correr, si no porque era capaz de soñar, de volar, de volver a querer; de pronto vi sus ojos y todos los rostros de mis sueños anteriores se desvanecieron, las sombras tomaron siluetas y por primera vez fui capaz de estar segura de aquello que creí nunca estar, había llegado, era real, y me quería, en verdad me quería, dentro de toda esa multitud sin rostro me reconocí y me elijó a mi y yo pude ser capaz otra vez de renacer y volver a ser yo, ahora con mayor claridad y seguridad, los pedazos encajaron y no me encontraba más rota.

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